20 de enero de 2011

Cosas que me enojan.

Tal vez sólo soy yo que soy muy grumpy, o simplemente hay muchas cosas que me enojan y me ponen de mal humor; así que, he aquí otra de mis inútiles listas, esta vez, resolviéndoles dudas sobre lo que me enoja/molesta/loquesea.

Here we go, les importe o no.

  • Pisar zapatos, pedazos de basura, cables, cosas picudas, etcétera, con los pies descalzos. Es como esos dolores que enojan, y te hacen querer acuchillar al objeto recién pisado con maldad y furia. ¿No soy sólo yo, verdad?

  •  Otro dolor que enoja. Que me pellizquen los brazos, la parte interna, la parte flácida y grasosa; sólo me enoja cuando pellizcan el pellejo nada más, de hecho el enojo viene incluido con un golpe automático sin importar quién seas; también me pasa cuando llega alguien y me pica las costillas muy agresivamente.

  • Los diminutivos estúpidos y/o innecesarios. Cosas como: sopita, comidita, agüita, salsita, saloncito, pastelito, escuelita, almohadita, papitas, lapicito, mamita...

  • La palabra comer, comida, y sus derivados, ja. Comidita.
    No es tanto un enojo, es como molestia, o una sensación que ni yo sé describir. Por eso siempre digo "tragar", que se escucha mil veces peor, pero esa es la ironía del asunto.

  • La gente ególatra y mamona; gente que no puede dejar de hablar de sí misma y por lo mismo se inventa millones de historias y anécdotas estúpidas. Curioso, porque el gatonejo es la persona más mamona que existe...supongo que su cinismo lo salva.

  • La gente que masca chicle como vaca.
    Algo que hoy vi muchas veces en el metro; la típica señora, ustedes saben, no es la persona más fina del mundo, pero ok, no importa, mientras no afecte a nadie...además no me gusta prejuzgar y todo eso; pero me dan unas inmensas ganas de agarrarla a patadas cuando la veo mascar...como vaca, haciendo ruidos insoportables y mostrándonos su boca.

  • Las típicas palabras adolescentes y las pésimamente modificadas. Ejemplos: Akapulkirri, agustirri, legaaal, "goeiii, es que literal, te amoooo", te amísimo, bien ahí, tú muy mal, fiestini, musikirri y todas sus variantes estúpidas.

  • Las computadoras lentas. No sé si sólo me pasa a mí por geek, pero es sumamente desesperante.

  • Que me despierten agresivamente cuando estoy dormida, que griten como idiotas mientras estoy dormida, que me digan floja; básicamente porque sí lo soy.
    Y tengo experiencia de gente pendeja alrededor de mí mientras duermo, porque el 40% de mis clases las paso dormida.

  • La gente pretenciosa y culturosa.
    De esos que hacen su mayor esfuerzo para hacerte sentir ignorante, de esos que te puedes imaginar en La Condesa, con lentes de sol, un cigarro, un café y un libro pretencioso que adentro probablemente tenga una revista TV y Novelas. De esos que intentan parecer filósofos, cultos y profundos a toda costa, pero nomás no les sale.

  • Ver a la gente comiendo.
    Creo que no me molesta ver a todo mundo, once again, sólo a la gente desesperante, a quienes comen con la boca abierta, los que comen como vaca, los que mueven la mandíbula en círculos, los que hacen ruido, los que al tragar separan los labios repetidas veces creando un sonido sumamente insoportable, los que mastican demasiado rápido, los que muerden como si su comida fuera a escapar, y podría seguir y seguir...

  • La pregunta "¿Qué cuentas?". Lo típico que la gente dice cuando ya no sabe que preguntarte, y es lo menos creativo del mundo.
    -¿Y...qué cuentas?
    -Que un idiota que no tiene tema de conversación me está pidiendo que le cuente algo para romper el momento incómodo, eso cuento.

  • La gente sin sentido del humor. De esos que se toman muy a pecho absolutamente todo lo que dices, se ofenden, no comprenden sarcasmos ni ironías; de esos que te arruinan cualquier cosa humorística que puedas decir porque se la toman muy literalmente.

  • Gente que bosteza como león. Si quisiera ver tu garganta, te lo diría, así que gracias, pero no quiero verla.

    • Comer demasiado y sentirme llena.
      Cuando sientes que ya ni el aire cabe en ti, cuando tu pantalón te hace una lonja frontal insoportable, así.

    Y muchas cosas más que me molestan pero no vinieron a mi enferma mente en estos momentos, así que probablemente algún día haga la segunda parte, en caso de que la duda no los deje dormir.

    16 de enero de 2011

    Escucha.

    -"Balbuceas". 
    Me lo dicen a menudo cuando empiezo a hablar bajito y aumento o disminuyo mi velocidad drásticamente. Siempre he dicho que cuando hago eso no le hablo a nadie en específico, sólo lo digo, como diciéndole algo al aire para que le llevara mis palabras a quien las quisiera escuchar; pues al final, uno decide lo que quiere saber, lo que quiere escuchar, a lo que le quiere hacer caso. Por muy lejanas que las palabras estén, si quieres escucharlas, lo harás.

    Creo que soñé, justo hoy.
    Con el frío de Enero, con la noche y las calles oscuras, con la gente y una calle vacía, una calle con música, una calle con música y un abrazo.
    Tenía frío, a pesar de mi playera, mi camisa azul y mi chamarra, tenía frío, no podía dejar de temblar, me envolvían el frío y un par de sentimientos; a pesar de todo me sentía bien, me sentía cómoda.

    Mi mirada al piso y unas palabras tímidas, sentía un latido, el latido de un corazón en mi mano derecha, una mueca de ternura y la música aún a lo lejos.
    El frío de Enero jamás se iba, venía con la luna por alguna razón. Una, dos, tres sensaciones intensas, simples e insignificantes, pero para mí, para mí tan grandes.

    Después del frío vendrían tardes eternas y manos perfectas, un par de risas acompañadas de lágrimas y el llegar de la noche, tan sólo para volver borrosamente a esa calle, esa casa y esas luces, el piso hexagonal y la espalda en el asfalto, me volvían a envolver el frío y un par de sentimientos, el latido regresaba, y yo me contraía. A veces la vida te deja sin respiración.


    Soñé. ¿En realidad soñé?
    Se siente en mi piel y creo que es real; se ve tan lejano y siento que es un sueño.
    A veces es raro escuchar los propios sueños.

    10 de enero de 2011

    ¿Les conté sobre mi falta de habilidad para buenos títulos?

    Siempre he dicho que, usualmente, los problemas que nos preocupan no son tan grandes ni graves como creemos que son, de hecho son insignificantes, pero como seres humanos nos gusta martirizarnos y sufrir y hacer de pequeños problemas, problemas más grandes.
    No me pasa sólo a mí, ¿verdad?

    El punto es que, como una grandiosa epifanía, después de preocuparme sin razón, alargar problemas, crear otros pequeños problemas con los mismos pequeños problemas que ni siquiera eran problemas, me siento liberada.
    Como el sabio Lobo con acento en la Ú me dijo una vez, "Someday we're gonna rise up from these chains and keep on flying". Si entienden inglés, bien, si no, pobrecitos porque no les voy a traducir.

    Así que, volviendo al tema, sí, me siento liberada y sé que no les interesa, pero...no me importa, me siento liberada y punto, liberada y feliz, tranquila como no había estado en mucho tiempo.
    En fin, ¿por qué les cuento esto? no sé, en caso de que la duda no los dejara dormir y en lugar de contar ovejitas contaran problemas de Mystique.


    Y justo aquí iba un asesinato, o más bien...un intento de asesinato, pero a la mera hora se me fue la inspiración asesina y me convencieron de publicar este post cursi, patético y sin sentido que insisto, hubiera sido mejor si abajo hubiera estado el asesinato, al menos así se les olvidaba lo patético y senseless del asunto.

    4 de enero de 2011

    Tardes.

    Una de esas tardes en las que me dan ganas de leer todas esas cosas cursis y melosas, sentimentales y acogedoras.
    Una de esas tardes en las que siento que voy a explotar, explotar de sentimiento.
    Una de esas tardes en las que quiero subirme al carro, poner la música fuerte, dejar que el aire toque mi cara mientras me pierdo en algún lugar de la carretera, mientras veo el atardecer, mientras conduzco hacia algún lugar donde te encontraré.


    Esas tardes en las que me gusta respirar profundo y sentir cómo mis pulmones se llenan de aire, lo transforman y lo sacan en forma de mi aliento cálido.
    Esas tardes cursis.


    Tenía ganas de abrazarte, de sentir al sol débil entrando por la ventana, de quedarme dormida entre tus brazos, olerte, recordar tu olor para no extrañarte.
    Pasaría mis manos por tu cabeza, tú cerrarías los ojos y sonreirías, me abrazarías.


    Te observo en mi mente, tu piel, tus dientes, tu cabello, tus manos, tus ojos, tus ojos, tus ojos, tan hermosos, pero tan difíciles de mirar, trataría de observarte prolongadamente, antes de que tu mirada me intimidara, y mientras te veo a los ojos, sentiría ese baile invisible que nace cada vez que te miro en silencio, como si nuestros ojos se conocieran por primera vez, con la inquietud de que tú también me miraras, con la sonrisa automática, con la curiosidad de recordar cada milímetro de tu cara, tu brillo, tus alas, tu mirada intensa, tu sonrisa de superioridad, tu expresión fija, tu sonrisa.


    Todo eso en segundos, los pocos segundos que te puedo ver a los ojos sin bajar la mirada a pesar de los meses.

    27 de diciembre de 2010

    Otro año...

    De repente miré atrás y me dí cuenta de que había pasado ya un año; tan rápido, tan volátil, escurriéndose entre nosotros; la mirada fija en el pasado, es como un sueño, es tan borroso, cosas que han cambiado tanto que no puedo creer que giraran así, y el tiempo sigue pasando.


    Enero y fríos, culpas y besos mágicos, tortillerías, canciones de panadería.
    Febrero con bambúes, vacas, yoshis, 15 minutos de estacionamiento y mirar al cielo desde el pasto.
    Marzo, Marzo y azoteas, ovejas, obsesiones y cosas clandestinas, rosas dentro de botellas.

    Abril empezando con malos hábitos, enfermedad mental y más obsesiones, sueños raros, conejos, parques bellos, Frank,tardes en metro y lágrimas culpables.
    Mayo con salsa de rabia, manejar nerviosa, contar menos calorías, superficialidades, más parques, árboles, alas en el cuello.
    Junio y liberación, inspiración y descubrimientos, bloggers civilizados y odio hacia el futbol, escrituras y muertes prematuras, traumas visuales y perforaciones caseras.

    Julio y cuerpos muertos, cafés platanosos, dramas telefónicos, navajas y 10 horas de sueño, Acapulco en droga mental, lágrimas por las noches, náuseas y querer escapar del sol, pérdida de hábitos, lluvia en el mar y anhelos en el tiempo, un par de amigos y riesgos.
    Agosto y kilos, rencores perdidos e hipocresías de gordas, Espíritus y Lobos con acento en la ú, adormecimiento y contingencia.
    Septiembre y planes cancioneros, alas que se acarician y llamadas de madrugada, cafés de miradas eternas, mensajes mañaneros, el regreso de los colmillos, manos ensangrentadas y el regreso de las culpas.

    Octubre y cerveza, discriminación en bares y primos estúpidos, dados de terciopelo, olor a miedo, Ginger Snaps y ganas de llorar.
    Noviembre siguiendo el olor del frío, sueños raros y autos blancos, náusea sartreana, llanto en un camión, nuevas arrugas, nuevos atrevimientos, tranquilidad controlada y más patadas, galletas orgásmicas, ojos abiertos y fríos bellos.
    Diciembre, Diciembre y recuerdos, sudaderas rojas y viajes analíticos en metro, decepciones escolares, desvelos inútiles, estrés punzante, nostalgia, mucha nostalgia, más nostalgia de la que cabe en mí, amargura impregnada, mirada escondida y pésimos cortes de pelo, más sangre en las manos y ovejas de ciudad, anhelos y escrituras ocultas, dudas, intento de venganza de los huesos, llantos bajo la almohada, una búsqueda eterna y esencia de culpa, realismo y nudos en la garganta, parpados caídos y helados llenadores, realidad del tiempo, caminatas en el viento, música impregnada, el final, otro final, otros recuerdos.


    El tiempo corre, huye, porque jamás será nuestro. 


    Otro año, cenas con uvas y rituales esúpidos, propósitos que sabemos que jamás cumpliremos, pero seguimos haciendo. ¿Por qué en año nuevo y no en cualquier otro día?
    Si lo vemos fríamente, sólo cambias un número y vuelven a empezar los meses, pero todo lo demás sigue igual; siempre decimos que dejaremos atrás todo lo que pasó en este año, pero sinceramente, no lo hacemos, seguimos recordando y comparando, aferrándonos al pasado.


    No tengo propósitos de año nuevo, cuando necesite comenzar desde cero, lo haré cuando sea, no en año nuevo, empezaré nuevos ciclos cuando yo decida hacerlo, cualquier día del año; los rituales maleteros, con semillas y manualidades son meras supersticiones, no cambia mucho nada, pero en fin, después de este post sin sentido, feliz lunes, gente.

    20 de diciembre de 2010

    Cabellos desastrozos.

    Hace algunos años, después de varias malas experiencias con asuntos del cabello, me prometí a mi misma jamás dejar que un estilista tocara mi fleco.
    Verán, todo mundo se queja de mi fleco, dicen que es fleco de emo, que me tapa la cara, etcétera; hasta el gatonejo me regaña por mi fleco, y entonces, tengo que hacer enormes esfuerzos para no creer que es mi madre.
    -"¡Quítate el pelo de la cara! No te veo los ojos".

    Mi teoría es que la gente sólo debe ver uno de mis ojos, porque si ven los dos, roban mi alma.
    Pero hoy, hoy cometí un grave error. Sí, me corté el cabello, lo que ocasionó que mi hermana me dijera que parezco Willy Wonka. También me dijeron que parecía espía rusa sexy. No quiero ser espía rusa. Pero oh, eso no es la peor parte, no, el caos comenzó cuando el señor causante de mis desgracias me preguntó -"¿Quieres que te corte el fleco?".
    Bien, necesito un cambio, pensé. ¿Qué podía pasar? I'd go for it. 
    -"Ok, pero no me lo deje muy corto".
    No me lo deje muy corto...¿En qué momento dejé de pensar y lo dejé tocar mi fleco? Así que terminó bastante mal y mi fleco está corto. ¡Mi flecoooo!. Hasta yo me reí de mí misma cuando me ví al espejo. Después me frustré.

    Éste sería un buen momento para escribir un asesinato creativo matando al señor causante de mis desgracias pero, meh, no hay inspiración.

    ¡Vuelve, fleco!

    18 de diciembre de 2010

    ¿Meh?

    Después de una larguísima ausencia de 2 semanas; he vuelto.
    Sí, lamento haberlos abandonado, queridos pseudolectores y fanseses, pero es que estaba en exámenes semestrales y consumían mucho de mi tiempo. Bueno, no, no consumían, pero a veces me gusta sonar nerd.


    También podría decir que tengo bloqueo de escritor y sonar cool; además así todos tendrían compasión y piedad de mí, porque, todos saben lo horrible que es el bloqueo de escritor. Momento, no todos lo saben, porque no todos son escritores, también hay pseudoescritores, como Nayo así que supongo que el tiene intento de pseudobloqueo de pseudoescritor...o no sé, debrayo.


    O puedo inventarme una historia sobre cómo fui raptada/secuestrada por zombies pensantes y sobre lo feliz que soy de haber podido matar zombies.
    Sinceramente, me ausenté porque tenía que ir a Marte a regar las cenizas de mi difunto gato imaginario y ustedes saben que esos viajes no son nada cortos ni fáciles.


    No, la verdad es que sí fue porque estaba en exámenes; pero ya no sé si ésta soy yo tratando de sonar nerd de nuevo o en verdad fue eso, no sé, ni yo me entiendo y eso llega a ser sumamente estresante en...situaciones de estrés.
    Así que supongo que por eso he dicho tantas incoherencias el día de hoy...incoherencias como la anterior, porque las he escrito, no dicho; pero bah, se entiende... y prometo intentar volver con algo decente cuando mi cerebro recupere su esponjosidad.