Hace rato estaba terminando un trabajo de Educación para la Salud, cuando por razones estúpidas entré a Facebook. Stalkeando gente y viendo comentarios, recordé que tenía que buscar una caja de cartón, recortarla en 3 partes de 30x30 y unir las partes para formar un solo pedazo y tener que practicar con eso mi pseudorompimiento de tablas.
Como sabía que se me iba a olvidar después, fui en ese momento al cuarto de basura y cosas inútiles a buscar cartón. Me encontré con mis organizados y coloridos cuadernos de secundaria, llenos de apuntes ilustrados, palomitas y caritas felices, además de uno que otro chiste local plasmado en hojas cuadriculadas con el logo de mi secundaria en color azul.
Recordé lo rosa que era y lo obsesionada que estaba con un chico que nunca me hizo caso. Recordé lo poco que estudiaba y lo buenas calificaciones que tenía. Recordé que en ese entonces quería estudiar veterinaria o medicina. Recordé que me podía levantar a las 6:30 de la mañana y llegar temprano a la escuela. Recordé que mi escuela no estaba a una hora de mi casa. Recordé que pesaba 48 kilos sin esfuerzo. Recordé que nunca me daba sueño a media clase. Recordé que nada me importaba. Recordé que realmente no tenía nada de qué preocuparme.
Entonces me di cuenta de que realmente no sé qué diablos va a ser de mí ni qué voy a hacer de mi vida.
Antes estaba segura de que quería medicina, y ahora no sé si quiero Ingeniería cibernética, psicología, algún tipo de diseño, asesina de zombies...
Y pensé más y me di cuenta de que en serio, en serio, en serio no me apasiona absolutamente nada. Y veo cómo todos mis amigos tienen al menos una pequeña idea de lo que quieren, o al menos un un área específica, y yo...yo no sé dónde diablos estoy y me estreso.
Y me perturba la idea de ver cómo todos avanzan, saben quiénes son y saben lo que quieren y yo sigo aquí. Y me perturba la idea de que mi mejor amigo eventualmente me va a dejar de hablar. Y me perturba la idea de que todos mis amigos de preparatoria eventualmente me van a dejar de hablar, así como pasó con los de secundaria, y no pasará de un "Hola, ¿Cómo estás? A ver cuándo nos vemos." y de cómo nuestras risas estúpidas que tenemos diario, después ya no van a estar porque todos vamos a estar en un lugar diferente, teniendo risas diarias con alguien más. Y me perturba la idea de que todos cambian y de cómo yo cambio pero no sé cómo cambio, de que no sé quién soy y de nuevo, tampoco sé a dónde voy. Y también me perturba que me siento más inútil cada vez, y mi memoria funciona cada vez peor. Y me perturba que siempre sé sentirme estúpida cuando estoy con Él, y cuando no también. Y me perturba ser tan blanda y transparente, y vulnerable, y sentimental. Y me perturba perturbarme por tantas cosas, y también, a mi edad seguir teniendo tanto miedo del futuro, y a estas alturas, seguir sin saber quién soy, y a mi edad, ya sentir que el tiempo se va demasiado rápido, y a mi edad ser tan insegura, y a mi edad tener tantas ganas de llorar tan seguido. Me perturba que se me vaya la inspiración.
Me perturba ser patética y lo difícil que me es expresarme y llegar a un punto concreto cada vez que hablo, pienso y escribo.
Ser parte de la borregada, y caminar lento junto a ellos. Ser pretenciosa y nublarme más. Ser más idiota y olvidar quién soy sin ni siquiera tener la más mínima idea de ello.
Cuando terminé de debrayar, me dí cuenta de que seguía sentada en el piso viendo el cuaderno, sólo que ahora me dolía la espalda, y veía borroso porque la capa de agua en mis ojos me estaba estorbando.
Entonces recordé que en realidad iba por un pedazo de cartón para Taekwondo, y llegué a la conclusión de que sí quiero que se acabe el mundo en el 2012 para no tener que decidir más cosas, y no sentir que el tiempo me corretea.
Lo último no tuvo sentido.
But i own a horse.
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21 de marzo de 2011
7 de febrero de 2011
Sobre más sueños zombies.
Sorpresa, sorpresa; vez más, mi obsesión por los zombies pasa a mi subconsciente.
Al parecer estaba en una casa, una casa con paredes grises y mesas de vidrio; estaba en una hamaca gigante, sostenida por las ventanas. Me balanceaba con el gatonejo, y desde arriba veía que pasaba un viejo amigo mío, comenzaba a gritarle que era un mamón y no sé qué cosas más; él sólo me observaba desde abajo.
Parece que, de tanto balancearnos (o de tan gordos que estábamos) tiramos la hamaca, pero increíblemente no sentí ni un poco de dolor.
De la nada llegaba mi ex maestro de informática al cuál yo odiaba tanto, y empezaba regañarnos por tirar la hamaca y finalmente nos corrió de esa casa.
Ya en la calle, estuvimos caminando y encontramos una casa abandonada con un pequeño patio que tenía rejas que parecían barrotes de cárcel; allí dentro había 3 zombies moviéndose torpemente. En los barrotes pudimos ver un letrero que decía "Cuidado con los zombies" y un par de especificaciones sobre su comportamiento; nosotros seguimos caminando sin darle importancia a los adorables zombies que gruñían por nuestros cerebros.
De repente ya era de noche y estábamos con un montón de personas en una casa grande sin muebles, gritando desesperadamente. A pesar de la noche, toda la gente se veía iluminada por algún incendio desarrollándose por ahí; pero a la gente no le preocupaba mucho, tal vez los zombies nos preocupaban un poco más.
Sólo podía ver a montones de personas matando zombies y siendo mordidas; por alguna razón en ese momento, me dí cuenta de que estaba soñando (Lo cual es muy raro que me pase) y sin pensarlo más, me dije "Bueno, estoy soñando, así que no debo luchar tanto, me voy a dejar morder a ver qué tal se siente; nada más que no se me olvide que estoy soñando". Enseguida salí de la casa sin muebles y caminé entre los zombies sin que me hicieran nada.
Carajo, ¿tan adorable/invisible soy?
Para sentirme muy badass, quise darle un puñetazo en la cara a uno de los no muertos, pero como en mis sueñosy en vida real el mundo onírico conspira en mi contra y nunca consigo fuerzas suficientes para golpear, sólo pude lanzar un manotazo pitero mientras el zombie me ignoraba.
Pero yo no me iba a rendir, y como mi propósito sí era que me mordieran los malditos, llegué a la casa del anuncio raro para encontrarme con que la reja ya estaba a la mitad y para descubrir que los 3 zombies ya no estaban.
Cuando me acerqué más, vi que había un poco de sangre en el piso. Como era mi sueño, sabía que era sangre de zombie y que eso me convertiría en uno de ellos, así que me la empecé a comer.
Yummy, i know.
Mientras me concentraba en tragarme toda la sangre que estaba en el piso, noté que se acercaba Espíritu y segundos después, llegó Pann; yo les contaba mi plan sobre volverme zombie; ellos me miraban tristemente y el momento se convertía en un cliché más meloso que un pastel relleno de caramelo con trozos de chocolate y cubierta de mermelada con doble azúcar, cerezas en almíbar y adornos de azúcar glass.
Tengo hambre.
Espíritu seguía mirándome tristemente y yo le pedía que se cuidara mucho, que cuidara al gatonejo y no pelearan, le confesaba que era mi mejor amiga y le pedía que luchara; enseguida la abracé despidiéndome. En cuanto crucé miradas con Pann, ya no pude hablar, así que me resigné abrazándolo únicamente.
Evidentemente, para ese entonces ya se me había olvidado que estaba soñando y todo se convirtió en un momento dramático y melancólico, hasta que volteé a mi derecha y vi a la hermana del gatonejo parada junto a mí mirándome. Yo le decía que me caía bien.
Ella, Pann, y Espíritu se fueron para huir de mi transformación y a matar más zombies. Entre los gritos desesperados de la gente idiota, y los gemidos graves y fuertes de los zombies, era muy difícil distinguir algún sonido individual. Yo me quedaba dormida.
Cuando despertaba, después de un par de horas, me encontraba al gatonejo con su hermana; ella no tenía piernas, se las habían mordido/cortado/mutilado, pero estábamos seguros de que se las podríamos pegar igual que a una muñeca.
Al fondo del patio destruido y lleno de sangre había una puerta, entramos y era un cuarto vacío, destruido y lleno de polvo. Decidimos entrar, el gatonejo cargando el tronco de su hermana y yo las piernas, por separado, claro.
Mi incomparable inteligencia me decía que debía apagar las luces para no llamar la atención de los zombies, así que apagaba todo lo que podía; pero el gatonejo las prendía de nuevo diciendo que no valía la pena. Al parecer el tenía una irremediable actitud suicida que ni sus desgarradores ojos verdes lograron salvar.
Escuchamos un golpe en nuestra puerta, yo estaba segura de que eran los no muertos y de que ya habíamos valido...cerebros; pero él quería abrir por morbo. Finalmente abrió la puerta, y sí, poco a poco se acercaba una manada de zombies metiendo sus dedos olorosos por la puerta.
Por alguna razón lograba empujarlos y golpearlos; salía del cuarto, encerrando al gatonejo y a su hermana (por su bien).
Los zombies seguían ignorándome, y yo seguía caminando entre ellos mientras les mentaba la madre.
Unos cuantos pasos adelante, me encontraba a Palafucks y le preguntaba con enorme curiosidad "¿Ya te mordieron?", a lo que ella, muy risueña contestaba que en efecto, ya la habían mordido, y me enseñaba sus dedos, que ya más bien eran huesos llenos de sangre coagulada.
Nos reímos como tontas e hicimos un high five. Al parecer el hecho de ser mordidas, o en mi caso el hecho de comer sangre de zombie, nos ponía tremendamente felices. Entrábamos con la manada aterrorizada.
Al fondo de la casa junto al incendio que todos seguían ignorando, veíamos a una niña y un niño de alrededor de 13 años, disparándole a los podridos con un revólver con una perfecta puntería, riéndose y divirtiéndose.
Cada vez veíamos menos personas y más muertos y aún más no muertos. Lo último que recuerdo que vi fue cómo un joven vertía el cerebro putrefacto de un zombie sobre el pecho abierto de un anciano, mientras éste levantaba su cabeza y tomaba aire como si le hubieran echado un balde de agua fría o lo acabaran de resucitar.
Después sólo veía como si una cámara recorriera todo el lugar y escuchaba una canción de metal; casi creí que aparecerían los créditos de una película.
Y entonces desperté, primero sintiéndome muy badass por soñar con zombies tan elaboradamente; pero después me sentí patética al darme cuenta de que cuando intento matar/golpear zombies, no lo logro, y cuando me propongo convertirme en uno de ellos no me muerden, tomo su sangre y no me convierto.
FML.
Al parecer estaba en una casa, una casa con paredes grises y mesas de vidrio; estaba en una hamaca gigante, sostenida por las ventanas. Me balanceaba con el gatonejo, y desde arriba veía que pasaba un viejo amigo mío, comenzaba a gritarle que era un mamón y no sé qué cosas más; él sólo me observaba desde abajo.
Parece que, de tanto balancearnos (o de tan gordos que estábamos) tiramos la hamaca, pero increíblemente no sentí ni un poco de dolor.
De la nada llegaba mi ex maestro de informática al cuál yo odiaba tanto, y empezaba regañarnos por tirar la hamaca y finalmente nos corrió de esa casa.
Ya en la calle, estuvimos caminando y encontramos una casa abandonada con un pequeño patio que tenía rejas que parecían barrotes de cárcel; allí dentro había 3 zombies moviéndose torpemente. En los barrotes pudimos ver un letrero que decía "Cuidado con los zombies" y un par de especificaciones sobre su comportamiento; nosotros seguimos caminando sin darle importancia a los adorables zombies que gruñían por nuestros cerebros.
De repente ya era de noche y estábamos con un montón de personas en una casa grande sin muebles, gritando desesperadamente. A pesar de la noche, toda la gente se veía iluminada por algún incendio desarrollándose por ahí; pero a la gente no le preocupaba mucho, tal vez los zombies nos preocupaban un poco más.
Sólo podía ver a montones de personas matando zombies y siendo mordidas; por alguna razón en ese momento, me dí cuenta de que estaba soñando (Lo cual es muy raro que me pase) y sin pensarlo más, me dije "Bueno, estoy soñando, así que no debo luchar tanto, me voy a dejar morder a ver qué tal se siente; nada más que no se me olvide que estoy soñando". Enseguida salí de la casa sin muebles y caminé entre los zombies sin que me hicieran nada.
Carajo, ¿tan adorable/invisible soy?
Para sentirme muy badass, quise darle un puñetazo en la cara a uno de los no muertos, pero como en mis sueños
Pero yo no me iba a rendir, y como mi propósito sí era que me mordieran los malditos, llegué a la casa del anuncio raro para encontrarme con que la reja ya estaba a la mitad y para descubrir que los 3 zombies ya no estaban.
Cuando me acerqué más, vi que había un poco de sangre en el piso. Como era mi sueño, sabía que era sangre de zombie y que eso me convertiría en uno de ellos, así que me la empecé a comer.
Yummy, i know.
Mientras me concentraba en tragarme toda la sangre que estaba en el piso, noté que se acercaba Espíritu y segundos después, llegó Pann; yo les contaba mi plan sobre volverme zombie; ellos me miraban tristemente y el momento se convertía en un cliché más meloso que un pastel relleno de caramelo con trozos de chocolate y cubierta de mermelada con doble azúcar, cerezas en almíbar y adornos de azúcar glass.
Tengo hambre.
Espíritu seguía mirándome tristemente y yo le pedía que se cuidara mucho, que cuidara al gatonejo y no pelearan, le confesaba que era mi mejor amiga y le pedía que luchara; enseguida la abracé despidiéndome. En cuanto crucé miradas con Pann, ya no pude hablar, así que me resigné abrazándolo únicamente.
Evidentemente, para ese entonces ya se me había olvidado que estaba soñando y todo se convirtió en un momento dramático y melancólico, hasta que volteé a mi derecha y vi a la hermana del gatonejo parada junto a mí mirándome. Yo le decía que me caía bien.
Ella, Pann, y Espíritu se fueron para huir de mi transformación y a matar más zombies. Entre los gritos desesperados de la gente idiota, y los gemidos graves y fuertes de los zombies, era muy difícil distinguir algún sonido individual. Yo me quedaba dormida.
Cuando despertaba, después de un par de horas, me encontraba al gatonejo con su hermana; ella no tenía piernas, se las habían mordido/cortado/mutilado, pero estábamos seguros de que se las podríamos pegar igual que a una muñeca.
Al fondo del patio destruido y lleno de sangre había una puerta, entramos y era un cuarto vacío, destruido y lleno de polvo. Decidimos entrar, el gatonejo cargando el tronco de su hermana y yo las piernas, por separado, claro.
Mi incomparable inteligencia me decía que debía apagar las luces para no llamar la atención de los zombies, así que apagaba todo lo que podía; pero el gatonejo las prendía de nuevo diciendo que no valía la pena. Al parecer el tenía una irremediable actitud suicida que ni sus desgarradores ojos verdes lograron salvar.
Escuchamos un golpe en nuestra puerta, yo estaba segura de que eran los no muertos y de que ya habíamos valido...cerebros; pero él quería abrir por morbo. Finalmente abrió la puerta, y sí, poco a poco se acercaba una manada de zombies metiendo sus dedos olorosos por la puerta.
Por alguna razón lograba empujarlos y golpearlos; salía del cuarto, encerrando al gatonejo y a su hermana (por su bien).
Los zombies seguían ignorándome, y yo seguía caminando entre ellos mientras les mentaba la madre.
Unos cuantos pasos adelante, me encontraba a Palafucks y le preguntaba con enorme curiosidad "¿Ya te mordieron?", a lo que ella, muy risueña contestaba que en efecto, ya la habían mordido, y me enseñaba sus dedos, que ya más bien eran huesos llenos de sangre coagulada.
Nos reímos como tontas e hicimos un high five. Al parecer el hecho de ser mordidas, o en mi caso el hecho de comer sangre de zombie, nos ponía tremendamente felices. Entrábamos con la manada aterrorizada.
Al fondo de la casa junto al incendio que todos seguían ignorando, veíamos a una niña y un niño de alrededor de 13 años, disparándole a los podridos con un revólver con una perfecta puntería, riéndose y divirtiéndose.
Cada vez veíamos menos personas y más muertos y aún más no muertos. Lo último que recuerdo que vi fue cómo un joven vertía el cerebro putrefacto de un zombie sobre el pecho abierto de un anciano, mientras éste levantaba su cabeza y tomaba aire como si le hubieran echado un balde de agua fría o lo acabaran de resucitar.
Después sólo veía como si una cámara recorriera todo el lugar y escuchaba una canción de metal; casi creí que aparecerían los créditos de una película.
Y entonces desperté, primero sintiéndome muy badass por soñar con zombies tan elaboradamente; pero después me sentí patética al darme cuenta de que cuando intento matar/golpear zombies, no lo logro, y cuando me propongo convertirme en uno de ellos no me muerden, tomo su sangre y no me convierto.
FML.
4 de enero de 2011
Tardes.
Una de esas tardes en las que me dan ganas de leer todas esas cosas cursis y melosas, sentimentales y acogedoras.
Una de esas tardes en las que siento que voy a explotar, explotar de sentimiento.
Una de esas tardes en las que quiero subirme al carro, poner la música fuerte, dejar que el aire toque mi cara mientras me pierdo en algún lugar de la carretera, mientras veo el atardecer, mientras conduzco hacia algún lugar donde te encontraré.
Esas tardes en las que me gusta respirar profundo y sentir cómo mis pulmones se llenan de aire, lo transforman y lo sacan en forma de mi aliento cálido.
Esas tardes cursis.
Tenía ganas de abrazarte, de sentir al sol débil entrando por la ventana, de quedarme dormida entre tus brazos, olerte, recordar tu olor para no extrañarte.
Pasaría mis manos por tu cabeza, tú cerrarías los ojos y sonreirías, me abrazarías.
Te observo en mi mente, tu piel, tus dientes, tu cabello, tus manos, tus ojos, tus ojos, tus ojos, tan hermosos, pero tan difíciles de mirar, trataría de observarte prolongadamente, antes de que tu mirada me intimidara, y mientras te veo a los ojos, sentiría ese baile invisible que nace cada vez que te miro en silencio, como si nuestros ojos se conocieran por primera vez, con la inquietud de que tú también me miraras, con la sonrisa automática, con la curiosidad de recordar cada milímetro de tu cara, tu brillo, tus alas, tu mirada intensa, tu sonrisa de superioridad, tu expresión fija, tu sonrisa.
Todo eso en segundos, los pocos segundos que te puedo ver a los ojos sin bajar la mirada a pesar de los meses.
Una de esas tardes en las que siento que voy a explotar, explotar de sentimiento.
Una de esas tardes en las que quiero subirme al carro, poner la música fuerte, dejar que el aire toque mi cara mientras me pierdo en algún lugar de la carretera, mientras veo el atardecer, mientras conduzco hacia algún lugar donde te encontraré.
Esas tardes en las que me gusta respirar profundo y sentir cómo mis pulmones se llenan de aire, lo transforman y lo sacan en forma de mi aliento cálido.
Esas tardes cursis.
Tenía ganas de abrazarte, de sentir al sol débil entrando por la ventana, de quedarme dormida entre tus brazos, olerte, recordar tu olor para no extrañarte.
Pasaría mis manos por tu cabeza, tú cerrarías los ojos y sonreirías, me abrazarías.
Te observo en mi mente, tu piel, tus dientes, tu cabello, tus manos, tus ojos, tus ojos, tus ojos, tan hermosos, pero tan difíciles de mirar, trataría de observarte prolongadamente, antes de que tu mirada me intimidara, y mientras te veo a los ojos, sentiría ese baile invisible que nace cada vez que te miro en silencio, como si nuestros ojos se conocieran por primera vez, con la inquietud de que tú también me miraras, con la sonrisa automática, con la curiosidad de recordar cada milímetro de tu cara, tu brillo, tus alas, tu mirada intensa, tu sonrisa de superioridad, tu expresión fija, tu sonrisa.
Todo eso en segundos, los pocos segundos que te puedo ver a los ojos sin bajar la mirada a pesar de los meses.
25 de septiembre de 2010
Glad i didn't die.
Y volví a soñar.
Con la luz entrando por la ventana, con las flores pálidas y la inofensiva lluvia, con tus ojos que destellan por la Luna.
Con tu mirada, tu mirada eterna, tu mirada cariñosa, tu mirada triste, tu mirada que se encontraba guardada en esos ojos hermosos, esos ojos, que por fortuna, me miraban a mi.
Soñé con abrazarte eternamente, soñé que esas tardes duraban por siempre, soñé con libertad, soñé que los prejuicios no existían, soñé con ver la Luna junto a ti, con recorrer las playas sin miedo a nada, soñé con la música a todo volumen mientras reposabas junto a mi.
Allí estaba esa melodía, estabas tu, y estaba mi alegría.
Con la luz entrando por la ventana, con las flores pálidas y la inofensiva lluvia, con tus ojos que destellan por la Luna.
Con tu mirada, tu mirada eterna, tu mirada cariñosa, tu mirada triste, tu mirada que se encontraba guardada en esos ojos hermosos, esos ojos, que por fortuna, me miraban a mi.
Soñé con abrazarte eternamente, soñé que esas tardes duraban por siempre, soñé con libertad, soñé que los prejuicios no existían, soñé con ver la Luna junto a ti, con recorrer las playas sin miedo a nada, soñé con la música a todo volumen mientras reposabas junto a mi.
Allí estaba esa melodía, estabas tu, y estaba mi alegría.
29 de agosto de 2010
Otra vez, vendedoras acosadoras
Iba caminando por un pasillo del metro con el Ninja Peruano, y repentinamente, cual ardilla, llegó una niñita que, noséquérayos vendía, pero comenzó diciendo algo de que su truco era, correr y esconderse y noséquécosasquenoentendí, después le dijo al Ninja:
-"Oye, y ¿Por qué hablas así?" Claro ella con su voz chillona de niñita vendedora.
-"¿Por qué no?" Contestó él.
-"Pero ¿Por qué hablas así?" Algo que la chamaca no lograba comprender.
-"Porque puedo"
-"¿Pero entonces ¿Por qué dijiste que "¿Por qué no?"?
Pero entonces la pseudovendedora dejo de tratar de comprender eso, y se concentró en otra cosa.
-"¿Y por que usas aretes?" Dijo mientras veía con curiosidad el arete que horas atrás me había robado el Ninja y ahora atravesaba su oreja. -"Los hombres no usan aretes"
-"Los hombres de verdad sí"
-"No, pero es que los hombres no deben usar aretes, tienes una pluma en la oreja, eso es como para ella"
Y así repetidamente mientas la niñita no entendía, hasta que llegamos a los torniquetes y la perdimos de vista.
¿Qué diablos? Somos un imán de vendedoras acosadoras.
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