Hace algunos días, un gatonejo me reclamaba y restregaba en la cara la mala acción que cometí al haber viajado a Londres y no haber ido a Abbey Road, dice que es realmente una estupidez que no haya visitado un lugar tan épico como Abbey Road. Bueno, también me reclama que el cabello me cae en la cara, que accidentalmente lo pateo en los riñones, que soy una amargada, que me duermo temprano y que me cohíbo si me ve comiendo.
Pero en fin, el punto es que recordé la razón por la cual no visité Abbey Road. Recordé la razón por la cual no visité muchas cosas en Londres: Por culpa de algunos árabes que no sabían hablar y un taxista ratero.
Verán, se supone que íbamos en grupo, ya ven, las veintitantas escuinclas quinceañeras que caminaban sin rumbo en Europa.
Bueno, de hecho sí caminábamos hacía un destino específico, teníamos un itinerario organizado, los guías que nos movían por todos lados y esas cosas, pero "caminar sin rumbo" suena más bonito que "viajar organizadamente"
En fin, después de viajar organizadamente al castillo de Windsor, nos dijeron que teníamos toda la tarde libre, para ir y vagar a donde fuera que quisiéramos ir, pero que teníamos que estar a determinada hora en Her Majesty's Theatre para ver El Fantasma de la Ópera.
De nuevo me encontraba con Topo, Muerta, Fallecida, Cabezarubia y Hermanadecabezarubia.
Bien, pensamos, teníamos suficiente tiempo como para ir a comprar recuerdos y estupideces, ir al Museo de Madame Tussauds, y precisamente, a Abbey Road, porque Cabezarubia quería que fuéramos a Abbey Road, y bueno, sí, a mi también me hubiera gustado ir, pero no era el fin del mundo si no iba.
Así que estuvimos recorriendo calles a lo estúpido, comprando recuerditos estúpidos y esas cosas, pero el tiempo pasa estúpidamente rápido, y vimos que si queríamos ir al Museo de Madame Tussauds debíamos irnos ya.
Pero en el camino Cabezarubia y Hermanadecabezarubia se quedaron en una tienda de ropa o algo así, como sabíamos que se iban a tardar muchísimo, las abandonamos sutilmente y fuimos a otra tienda a preguntar cómo podíamos llegar al museo.
Para mi desgracia y mi mala suerte de encontrarme con árabes todo el tiempo, la tienda estaba llena de señores árabes panzones.
Yo sabía que los árabes tenían un acento diferente, pero no sabía que sería tan incomprensible. Creo que domino el inglés bastante bien, pero tuve mis dudas cuando tuve que pedirle al señor árabe panzón que repitiera lo que me decía unas 3 veces más.
Estúpidos árabes.
¿En qué estaba antes de odiar a los árabes?
Ah, sí, en preguntarle al señor árabe cómo podíamos llegar al museo. Pues bien, le preguntamos y después de intentos por comprenderlo, nos dijo que primero teníamos que ir a Picadilly Circus y después cruzar alguna calle cuyo nombre no recuerdo.
Ajá, ahora el punto era llegar a Picadilly Circus, el plan era llegar caminando si la distancia era razonable, porque ahí, sí, los taxis son Mercedes pero te cobran como si te hubieran regresado a tu rancho. Pero después de otras preguntas a ingleses desconocidos, nos quedó claro que debíamos tomar un taxi.
Le preguntamos a un taxista que se encontraba estacionado por allí que si nos podía llevar a Picadilly Circus, y muy amargamente nos dijo que no, porque no tenía tiempo.
Caray, tan poco tiempo tenía que estaba tranquilamente estacionado antes y después de que llegáramos nosotras...
Encontramos otro taxi que al parecer sí tenía suficiente tiempo, y nos llevó a Picadilly Circus, también nos cobró 12 Euros.
Ya que no recordábamos el nombre de la calle que teníamos que cruzar para llegar al museo, le preguntamos a una señora que iba caminando por ahí, pero ¡Oh, sorpresa! El señor árabe nos había timado; el Museo de Madame Tussauds no quedaba cruzando la calle, había que tomar OTRO taxi.
Pero en lo que buscábamos un taxi nos distrajimos con.. la verdad no recuerdo, probablemente alguna pelusilla que iba volando por allí y decidimos perseguirla, o tal vez algún árabe panzón que decidimos seguir para golpearlo y vengarnos del otro árabe...a distancia, ya ven que todos los árabes son como que uno mismo y si golpeas a uno, todos sienten el golpe, oh esperen, esos no son los árabes.
Tal vez nos distrajimos con algún zombie que iba caminando por allí y decidimos que debíamos correr, no para escondernos, más bien para buscar una pistola o algo así y matarlo divertidamente.
O tal vez fue porque Frank apareció y vino a revelarnos los secretos más ocultos del mundo y quedamos todos en trance mientras el viento tomaba una fuerza impresionante y giraba al rededor de todos nosotros mientras las hojas de los árboles se caían y volaban por ahí.
O tal vez a la vuelta de la esquina me topé con el amor a primera vista, el chico de la bicicleta y el extraño intercambio de miradas intensas...Ah no, eso fue en Florencia, en fin.
Cuando nos dimos cuenta ya era demasiado tarde y teníamos que volver a Her Majesty's Theatre lo antes posible, así que no, ni pudimos ir al Museo de Madame Tussauds, ni a Abbey Road, y a ningún otro lado.
Además de que nos cobraron otros 15 Euros.
Y así fue como aproveché muy mal mi tiempo en Londres...pero hey, al menos vi el Fantasma de la Ópera.
Sí, miento, me la pasé genial anyway.
Mugres árabes.
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22 de octubre de 2010
28 de julio de 2010
Sobre viajes y alemanes psicópatas.
Hace algunos días me encontraba seca de ideas, cuando me recordaron algo que viví en el viejo continente.
Bien, resulta que cuando yo, unarara joven escritora iba a cumplir 15 años me fui de viaje a Europa, con una bola de quinceañeras tan inmaduras como yo...bueno, no, yo tenía 14 años, pero en 4 meses cumpliría quince. En fin, como odio las fiestas y se mi hizo inútil gastar dinero sólo para contratar un salón con música apestosa y canciones arrabaleras, un tío borracho, amigos falsos que sólo irían a embriagarse y criticarse unos a otros, un vestido ampón y pasteloso (bueno, ese podría haber sido agradable), hacer el ridículo bailando canciones chafas y el vals familiar al que nadie le hace caso, comida mala de congelador, gente desagradable que hubiera preferido yo no invitar y un sinfín de desventajas, preferí irme de viaje. Y así fue.
Bien, resulta que cuando yo, una
Un viaje de 1 mes con otras 23 escuinclas y 2 guías.
Sólo los primeros días fueron tranquilos, después ya nos conocíamos todas, no nos importaba nada y nuestra mayor preocupación sería verificar que nunca dejáramos la llave del cuarto dentro de éste. Como sabrán es bastante desastroso juntar a 24 quinceañeras mexicanas en un hotel, y muchas veces, la recepción y los mismos inquilinos se quejaron de nuestros desmadres.
Recuerdo una vez, que nos encontrábamos en Barcelona, 6 quinceañeras, las llamaremos, Topo, Cabezarubia, Hermanadecabezarubia, Muerta, y Fallecida, ah, y claro, yo. (Cabe mencionar que Muerta y Fallecida no están realmente muertas ni fallecidas, sólo serán sus apodos).
Ahá, continuemos, debido a que estábamos las 6 en una habitación haciendo bastante ruido, recibimos una llamada de la recepcionista, con su acento español diciéndonos cosas que no recuerdo, pero en fin, que nos calláramos. Obviamente no nos callamos, y pronto recibimos una segunda llamada de ésa misma señora, mujer, transexual, anciana o lo que fuera, pidiéndonos una vez más que nos calláramos, bien, eventualmente nos callamos, no por mucho tiempo, pero ya nadie se volvió a quejar.
Recuerdo otra vez, en Innsbruck que, de nuevo nos encontrábamos haciendo mucho, mucho ruido, cuando escuchamos que de la habitación contigua algún señor amargado, golpeaba enérgicamente la pared y nos gritaba cosas incomprensibles. Eso nos provocó mucha risa, pero no por mucho tiempo, cuando comenzó a golpear la puerta de comunicación entre la habitación de Cabezarubia (en donde nos encontrábamos) y su propia habitación. Ahora con un poco de miedo, tratamos de callarnos, no por mucho tiempo. A los 10 minutos ese señor ya estaba golpeando nuestra puerta principal, y nosotras muy asustadas de que fuera un psicópata con una sierra que nos fuera a asesinar y después a comerse nuestros cuerpos, tomamos una valiente decisión: Escondernos en el baño.
Gran idea.
La vez que se quejaron de nosotros que más recuerdo, fue en Viena, un día antes de nuestra cena-baile con vestidos quinceañeros ampones y pastelosos, sí, tuve que usar uno, y al final bailar pisándole (accidentalmente) los pies a un pseudocadete austriaco, oh, no se emocionen, mujeres, me tocó con uno de piel extremadamente rosa, cabello y pestañas casi blancos y se estaba quedando calvo, pero no pasaba ni los 25 años.
Pero eso no es a lo que voy. La noche anterior, nos encontrábamos las 6 quinceañeras ya mencionadas, en la habitación de Muerta y Fallecida, una vez más, haciendo mucho ruido con nuestros gritos y risas. Al poco rato llegó un señor árabe gordo y chaparro, un encargado de recepción.
Como las veces anteriores sólo nos llamaban o los señores psicópatas golpeaban nuestra pared, ésta vez nos dio miedo, pues nos veíamos obligadas a abrir la puerta y lidiar con el señor.
-¿Quién abre? les pregunté a mis acompañantes, esperando que alguna valiente dijera "yo" y nos salvara del esclavo/recepcionista árabe.
Pero no fue así.
Todas nos volteamos a ver, esperando que alguien enfrentara al recepcionista, medio minuto pasó, nadie decía nada, y el árabe seguía tocando la puerta.
Entonces Fallecida dijo "Tú, Hermanadecabezarubia, tú eres la mas grande de nosotras (tenía 21 años) tú ábrele".
Creímos que Hermanadecabezarubia con su belleza francesa y su seguridad nos salvaría...pero no fue así, en cambió se tiró al piso y se acurrucó al lado de la cama. "Seriously? Vamos! Tienes que abrir!" Le imploré. Y ella sólo se quedaba en el piso diciendo "No, no, yo no!".
Como el señor árabe seguía tocando la puerta y nadie se disponía a salir, tuve que hacerlo yo. Así es, agraciados lectores, me dispuse a ver que diablos quería ése señor, y salí...en pijama.
Yo: Buenas noches señor.
Árabegordo: ¿Pueden guardar silencio? La gente se está quejando de su desastre. (Todo esto diciéndolo con muy mal inglés. Hasta yo hablo mejor que él).
Yo: Ah, claro señor, sí, si, ya nos vamos a callar.
Árabegordo: Más les vale, si no, las tendremos que sacar del hotel.
Yo: Ahá, perdón. Contesté, casi cerrándole la puerta en la cara.
Obviamente no nos callamos...o tal vez por medio minuto, y a los 3 minutos volvió el señor árabe gordo y chaparro, pero ahora con un Austriaco alto y fuerte.
"No, Hermanadecabezarubia, ahora sí tienes que ir tú, yo ya fui con el señor!" Le supliqué.
Pero Hermanadecabezarubia seguía en el piso, temblando, así que una vez más, tuve que recibirlos en pijama.
Yo: ¿Qué necesitan?. Pregunté ya un poco irritada.
Señorárabe: No se han callado, la gente se sigue quejando. Dijo, mientras me miraba con desdén.
Yo: Pero ya nos callamos.
Señorárabe: Cállense o llamamos a la policía y las sacamos del hotel.
Yo: Obviamente no puede sacarnos! Dije...en español. Sí, perdón, ya nos callaremos. Proseguí en inglés.
Sí, el señor árabe gordo y chaparro había llevado de acompañante al Austriaco sólo por asustar, supongo yo, porque no dijo ni una palabra.
Nos rehusábamos a callarnos, y seguíamos en nuestro relajo, después de un rato, Topo fue a su habitación (que estaba enfrente) por nosequecosa. Y las que nos quedamos adentro pensamos dejarla afuera un rato para desesperarla. Regresó y tocó la puerta. "No, ya no te vamos a abrir" Le dijo Fallecida. A Topo le causó mucha gracia, y eso no era parte del plan, el punto era que se enojara, pero en fin.
Topo tocó de nuevo la puerta, riéndose, y nosotras negándonos a dejarla pasar. Pero las cosas cambiaron cuando Topo tocaba la puerta cada vez más y más frenéticamente "Bien, se está enojando" pensé, pero no, no fue así. "Fallecida, abre la puerta!" Gritaba con desesperación. "No! Ya te dijimos que te vamos a dejar afuera!" Supimos que algo no estaba bien cuando casi rompiendo la puerta a golpes y muy desesperada nos dijo "Abre! Un alemán me va a golpear!!" sí, podíamos escuchar los gritos furiosos del alemán. Abrimos la puerta y Topo entró corriendo, igual que un...topo que escapa de su depredador.
Nos asomamos y, efectivamente, había un alemán muy alto y blanco, que fácilmente podría matarnos a todas a golpes, caminando hacia la habitación muy furiosamente y gritando cosas en alemán que no entendí. Obviamente no nos iba a golpear...o tal vez si, es algo que nunca sabré porque le cerramos la puerta en la cara.
Por eso ya no hacemos ruido en los hoteles.
Lección del día: No confíes en los alemanes, nunca sabes cuando te van a perseguir con intenciones de golpearte.
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